viernes, 28 de octubre de 2016

Ancla soberana y timón forastero

[ No se como definirlo, pero yo le pondré cariño compañera ]


El reír solía con tu cara, y mi ser lo recuerda; este aire turbio excavando y destruyendo ideas viajeras del tiempo, llenando o vaciando el alma más allá de su capacidad o contenido.
Quiero enseñarte como el tiempo se burla de nosotros ; el reloj excedió sus consultas de risa, donde la infancia se une a la madurez; que al escucharte los soles humedecidos intentan ofrecerme una tranquilidad con chaqueta de catrina, poco más allá, te miro, y allí están esos; tus ojos brillando a través de la sal acuosa.
Pediría que nos encerraramos en un cuarto; donde solo se encuentren algunos libros, un cenicero, un espejo, alguna pintura antigua, y un lápiz sin punta, todo allí hablaría; el alma en secreto , en su milenaria lengua nativa... Expresaría que siente sin hacer ruido.
Pero tomando retorno, digo:
¿Que importa que seas sabia?
Sé bella y triste  si así lo decides, por ahora,  las lágrimas le añaden un encanto al rostro en ocasiones, como el río al paisaje, la tempestad rejuvenece las flores. Ahora bien, bellos ojos; despilfarra sobre mí tus colapsadas tinieblas entonces, tus galaxias se voltearon a oscuras, profundas y lluviosas y a veces, tan solo a veces, son fuegos, ese que extraño o podré anhelar.
Con esos pensamientos de amor, mezclados de fé; que repiten la pregunta aunque sea retórica, ellos te tienen a la merced de la marea y anclada a lo que tu consideras arena movediza, y no es menos que tus sueños; son sed soberada y patriota, más fuertes que el hierro.

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