Me mantuve inerte entre la felicidad y la tristeza, mi pilar sentimental estaba con 84 ruedas y había sido una tarde-noche de repostería terminada y azúcares gaseosos, prototipos en disminución física de queso, quesillo le llamamos y los cuentos de colaterales sanguíneos hacían décadas pasadas, las sonrisas en los rostros y en especial en el suyo, una mirada que sostiene una cristalina esperanza que la sagrada familia se mantenga firme cual estructura antigua, esa mi forjadora de carácter, carpintera de reacciones y motor de materializar sueños, en medio de la alegría, siendo ella el motivo primero.
Al transcurrir de las manecillas, llamadas atracan al vidrio electrónico, el fecundador se comunica, explica que mi paralelo mayor emprende un viaje fuera de lo conocido por nosotros como: "Patria"; el teléfono recibe como pañuelo el agua salada del emisor, yo como receptor no soporto la crudeza y fuerte del mensaje carente de anestesia, emergen ideas y resumo en: "Hoy es de alegrías y tristezas en este pañuelo llamado Barquisimeto, en este país que reduce a ciudad la realidad de las despedidas, donde las horas en ocasiones son entre azúcar y sal.
Las vertientes de la perspectiva
Srps
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